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Design Thinking, enamora al cliente con creatividad

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En un mundo empresarial donde la competencia ataca cada día y la evolución es constante, la creatividad de un equipo de trabajo se vuelve fundamental a la hora de poner en marcha un proyecto. Las marcas deben ser hervidores de ideas e innovación que exploten para crear nuevos conceptos de trabajo. En ello se basa el design thinking.

Nacido en los años 80 en la Universidad de Stanford, el design thinking es una forma de pensamiento aplicable al modo de trabajar de las empresas. Se deja a un lado la manera clásica de afrontar los problemas o crear un proyecto y todo se enfoca hacia la creatividad y la innovación.

Las personas pasan a ser el centro de cualquier estrategia, ya se trate de ventas, producción o comunicación. El motor que impulsa el design thinking es resolver las necesidades del cliente. Este método se articula en cinco pasos:

Empatizar con el cliente y conocerlo a fondo. Crear los buyer persona.

Definir los desafíos en los que se debe centrar el equipo, así como los instrumentos que se pueden utilizar, las áreas de valor y los posibles conflictos.

Idear. Hay que reunir al equipo para generar una tormenta de ideas. Salir de la zona de confort y apostar por nuevas estrategias, dejarse llevar por la imaginación. Se trata de un trabajo de equipo y todas las aportaciones son totalmente igual de válidas.

Plasmar. Es hora de hacer realidad esas ideas y darles forma para poder solucionar los posibles fallos.

Prueba final. Por último, hay que poner esa idea frente al consumidor y probar su eficacia. Esto nos hará estar seguros de si nuestra idea era la adecuada o tenemos que dar algún paso atrás, pero al contrario de con otras metodologías, lo bueno del design thinking es eso, que se aprende mientras trabajas.

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